Si se menciona a Luis Alberto Nicolao se está nombrando al más grande nadador argentino de todos los tiempos. Pero también ese nombre y apellido, tranquilamente, se lo podría asociar con la palabra frustración. Ya que este formidable nadador que nació el 28 de junio de 1944, a los 17 años, quebró en dos ocasiones el record mundial de los 100 metros mariposa pero también vivió una de las situaciones más insólitas que se recuerden en los Juegos Olímpicos.
¿Por dónde empezar? Vamos primero por los éxitos deportivos.
El 4 de febrero de 1961, con 16 años, Nicolao fue el primer nadador sudamericano en bajar el minuto en los 100 metros estilo mariposa. Fue en la pileta de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires con un tiempo de 59.6 segundos.
El otro paso hacia la gloria lo dio el 20 de agosto de 1961. Ese día, en Los Ángeles, el estadounidense Fred Schmidt superó el récord mundial de los 100 metros mariposa al señalar 58.6 segundos. Nicolao quedó tres décimas atrás y se ubicó 3° en el ranking de todos los tiempos para la especialidad, detrás de Schmidt (58.6) y su compatriota Lance Larson (el anterior recordman con 58.71 segundos).
Así fue como, en abril de 1962, el argentino fue invitado por un diario brasileño para quebrar el récord de Schmidt. Y el 24, en una piscina de agua salada en el club Guanabara, de Rio de Janeiro, superó por dos décimas la marca de los 100 metros mariposa: fijó un record de 58.4 segundos.
Tres días después, el 27 de abril, intentó mejorar aún más el tiempo y lo consiguió: cronometró 57 segundos exactos.
Es cierto, aquella vieja marca está muy lejos de los 49,82 que Michael Phelps consiguió en Italia el 1° de agosto de 2009 y que todavía se mantiene como record vigente, pero no hay duda de que para la época, bajar el record en más de un segundo de un saque era algo fuera de lo normal. Las mejoras, por aquellos años, se daban en centésimas.
Ahora pasemos a la frustración. Absurda si se quiere. Casi ridícula.
La especialidad de Nicolao eran los 100 metros mariposa, un estilo no aceptado en los JJ.OO. Si bien el estilo mariposa había sido aprobado en 1952, para el ámbito olímpico únicamente se permitieron las competencias de 200 metros, una distancia que a Nicolao no le convenía por su agresividad inicial, lo que hacía que decayera su rendimiento en los metros finales.
Por esa razón, en sus dos primeras experiencias olímpicas, se adaptó a otras especialidades. En Roma 60 compitió en 100 metros libres y en 200 mariposa con resultados no del todo favorables. Fue 37° y 13°, respectivamente. En Tokio 64, otra vez aceptó otros estilos y distancias. Fue 32° en los 100 metros libres, 13° en los 200 metros mariposa y 12° en los 4×100 con relevos combinados.
Parecía que su momento había llegado en México 68, ya que la distancia ideal había sido homologada. Calentó los músculos en los 100 metros libres y no le fue nada mal: clasificó y fue 7° en la final. Quedó 14° en los 200 metros libres y 10° en 4×100 con relevos. Igual, todos los cañones estaban apuntados a los 100 metros mariposa.
Llegó la primera ronda de esos esperados 100 metros mariposa y clasificó para las semifinales, con el 8° mejor tiempo: 59.3 segundos. Estaba cuidando la máquina para lo que se venía. Pero lo que ocurrió después fue una comedia (o tragedia) de enredos. El propio Luis Alberto narra lo ocurrido: “La semifinal se hacía a la tarde. Salí de la villa 4 horas y media antes del horario establecido. El ómnibus oficial tardaba 22 minutos en llegar al natatorio. Pero ese día se corría la maratón y la organización había avisado a las delegaciones que podría haber algún problema de tránsito y que era conveniente tomar otro recorrido.”
“Los dirigentes argentinos no me avisaron, porque seguramente estaban paseando como era su costumbre. Lo cierto es que me demoré y llegué justo cuando se largaba mi semifinal. Fui desclasificado en ausencia. Me quedé esperando 4 horas una reunión para rever la cosa. A la 1 de la mañana me dieron la noticia de que no había chance de correr solo. Más tarde me enteré de que los dirigentes argentinos nunca habían hecho la petición formal para que me dieran otra oportunidad y ni siquiera apoyaron la propuesta del delegado de los Estados Unidos para que se estudie mi situación”.
Los recuerdos de aquel momento todavía los tiene frescos: “Cuando vi el embotellamiento, al principio me desesperé. Luego me tranquilicé porque estaba con otros nadadores, jueces y cronometristas de las pruebas que se disputaban después de mi semifinal. Cuando llegué y me dijeron que me habían descalificados me puse como loco. Esa misma noche me tiré a la pileta y nadé los 100 metros mariposa con todo. Hice un tiempo bárbaro. Pero carrera son carreras. Nunca sabré si podía ganar o no, pero mi mayor pena fue cuando vi que Spitz consiguió la medalla de plata con una marca de 56.4 segundos y yo estaba para hacer, por lo menos, 56.2. También lamenté mucho lo poco que se valoró mi 7° puesto en los 100 metros libres. Más que nada porque, ante la posibilidad de conseguir medalla en los 100 metros mariposas, los 100 metros libres los nadé con suavidad, como ablande para los músculos. Tampoco puedo saber qué hubiera pasado si me hubiera exigido a fondo en esa prueba.”
Desde su primera participación internacional, en el campeonato Sudamericano de Cali, en 1960, acaparó 24 títulos sudamericanos, bajó dos veces el récord mundial de 100 metros mariposa, fue una vez campeón nacional de los Estados Unidos y obtuvo tres medallas de bronce en los Juegos Panamericanos.
Ya se dijo: fue deportista olímpico en tres oportunidades. Pero la bronca por aquello que pasó en México 68, nunca aflojó. Tanto que poco tiempo después, a los 24 años, anunció su retiro.