El Flaco Menotti nunca pisó el césped de Turín. No saltó al campo en el viejo Comunale, ni lo hizo en Delle Alpi, ni tuvo la oportunidad de probar el Juventus Stadium. ‘El flaco’ nunca fumó sus cigarrillos en el banco del estadio de la ciudad piamontesa, no impartió lecciones con su voz ronca y pausada a centímetros de la hierba impecablemente cortada o embarrada tras un día de nieve y frío de un tiempo ya no recordado. El Flaco nunca alzó los brazos para celebrar uno de los muchos goles que celebró, nunca disfrutó del espasmo en la espina dorsal, del acelerón cardíaco, del grito de euforia en su garganta en la ciudad bañada por el río Po.

César Luis Menotti nunca hizo nada de eso en Turín a pesar de jugar una temporada en la Juventus.

Ni siquiera lució las barras negras y blancas. El color de la cebra no tiñó su pecho. Menotti se enfundó el granate en una ‘Juve’ especial, esa que viste el tinte de su eterno rival metropolitano, esa que se encuentra a 9.500 kilómetros de Vía Druento. Menotti acabó con su carrera de futbolista en la Juventus, pero la que responde al apodo de ‘Moleque Travesso’, en Sao Paulo, no la de la Serie A.

Cuando salió de su ciudad natal y del equipo que adoró desde chico, Rosario y Central, Menotti comenzó una carrera con halo de estrella en Argentina. Racing y Boca. De ahí, primero se fue a Estados Unidos, a los New York Generals en 1967, para acabar su carrera en Brasil.

Siempre había querido compartir vestuario con el “mejor jugador” que había visto: Pelé. Lo hizo en el Santos, con el que levantó el Paulista de 1968, antes de retirarse, un año después, en la Juventus. Pero para hacerlo no tuvo que subirse a un vuelo intercontinental, ni coger un barco que lo llevase de Sudamérica a Europa. Solo se cambió del Vila Belmiro al Rua Javari. Era la misma ciudad, pero un universo distinto.

Porque la Juventus de Sao Paulo no puede medirse con el Santos. Uno es un gigante del fútbol mundial. El otro un equipo de barrio, el de Mooca. Un club que apenas ha competido en los campeonatos paulistas y que alcanzó su gloria en 1983 ganando el torneo de la Segunda División brasileña.

En la Juventus, Menotti jugó 8 partidos. Era el ocaso de su carrera y como tal pasó sin pena ni gloria por Rua Javari, donde solo se le recuerdan dos goles. Ambos en el mismo encuentro. No fue contra Palmeiras, Sao Paulo o Botafogo. Tampoco contra la Portuguesa, Paulista, XV de Piricicaba o la Portuguesa Santista, el último rival contra el que batalló sobre el césped. Sus únicos tantos fueron el 5 de julio de 1969 ante el Sao Bento.

Los relatos de aquel duelo -del que no hay material gráfico- hablan de un momento de clase en el 4-1 del ‘Moleque Travesso’. El 4-1 definitivo fue lo que era el Menotti jugador: imaginación y calidad cerca del área. Allí, en la antesala del gol, ‘el flaco’ asombró a los seguidores de la Juventus con una bicicleta que sentó a su marcador para definir con superioridad ante el portero del Sao Bento.

Ese fue el tanto de despedida de Menotti antes de hacer historia con el cigarro en la mano, la melena al viento y su figura enfundada en un traje al borde del campo, saliendo del banquillo con la misma pausa que exhibía como delantero.


*Fragmento de un texto publicado originalmente en el blog del periodista Pablo Durán en el diario El Progreso de Lugo.