“Harry Goslin perteneció a una de las mejores razas de futbolista. No sólo a nivel humano, sino por el bien de su club y del juego. Es una lástima que su vida haya sido sacrificada por la guerra”. – Extracto del Bolton Evening News, 1943

No era fácil ser futbolista en la Inglaterra de los años 30. Aún con su carácter popular intacto, no se trataba de un deporte cuyos réditos alcanzaran para vivir toda la vida. El mundo, por su parte, se deslizaba por el embudo del odio hacia un nuevo conflicto global. Fue en 1930 cuando Harry Goslin fichó por los Bolton Wanderers con la ilusión de explotar su talento con el balón. La vida, sin embargo, le esperaba doblando la esquina con un fusil a su nombre. Su país necesitaba un héroe de guerra antes que un buen jugador.

Goslin era alto, atlético y un líder nato. Charles Foweraker, leyenda del banquillo del Bolton, vio en él a un defensa de veinte años sobre el que construir un equipo y lo fichó procedente del humilde Boots Athletic de Nottingham. Eran otros tiempos: el traspaso se completó por lo que hoy vale un banderín de córner, 25 libras. Harry hizo carrera en los Wanderers en 306 partidos a lo largo de la década. Marcó 23 goles, portó el brazalete de capitán desde 1936 y fue uno de los mejores en su puesto a los ojos de Inglaterra. Mientras, los párrafos de la Historia se torcían y Europa se convirtió en polvorín sin remedio. El año 1939 marcó el principio del fin de muchas trayectorias futbolísticas. Como la del líder del Bolton.

Harry Goslin equipoMarzo de ese año fue el momento elegido por Adolf Hitler para invadir Checoslovaquia. La II Guerra Mundial ya era una realidad imposible de ignorar, aunque la declaración de guerra del Reino Unido llegaría unos meses más tarde. Goslin sabía que, tarde o temprano, todos tendrían que hacer frente al horror. En abril, antes de un partido contra el Sunderland en Burnden Park ante 23 000 espectadores, anunció como capitán que se alistaría en el ejército para combatir la amenaza fascista. “No es un asunto que podamos dejar a otros; cada individuo tiene una tarea que cumplir”, dijo a su afición. Sin que Goslin lo supiera de antemano, todo el equipo se unió a su llamamiento para dar ejemplo. Desde aquel momento, se les conoció como los Wartime Wanderers. Fueron un equipo en la cancha y en el campo de batalla: como todos ellos se apuntaron en Bolton, pelearon juntos en la Bolton Artillery.

Tim Purcell, coautor del libro Wartime Wanderers, explicó así la mentalidad de unos hombres que decidieron que sus días como futbolistas debían acabar por una responsabilidad mayor: “Era una época en los que los jugadores eran parte de la comunidad, no divos. Iban a salones de baile con los fans. Eran al mismo tiempo futbolistas y ciudadanos ingleses que querían luchar por su país”.

big-ra-wanderers-02Cuando la bandera nazi ondeó en septiembre en la invadida Polonia, Reino Unido declaró definitivamente la guerra al enemigo. La Football League, en consecuencia, fue suspendida. El fútbol siguió, pero relegado a un segundo plano. El gobierno consintió los amistosos e impuso un límite de desplazamientos para los partidos de ochenta kilómetros, permitiendo así ligas regionales. Goslin aún tuvo la oportunidad de calzarse las botas: los primeros meses tras la declaración no siguieron con conflictos armados y el defensa jugó cuatro partidos con el Bolton. Incluso formó parte del combinado nacional inglés en un amistoso contra Escocia disputado en diciembre de 1939 en St James’ Park, estadio del Newcastle United. Además, disputó encuentros como invitado para Chelsea, Leeds United, Bradford City y Norwich City.

Fueron los últimos días para disfrutar del balón. En mayo de 1940, el terror llamó a las puertas del Reino Unido y el ejército marchó a Francia para frenar el avance de Hitler. El martillo nazi continuó, a pesar de la oposición, golpeando incesante sin piedad. Las tropas británicas, francesas y belgas fueron acorraladas en Dunkerque, ciudad costera francesa que se convirtió en una ratonera y el probable cementerio de cientos de miles de soldados atrapados. Los Wartime Wanderers estuvieron en esa playa.

Aún hoy cuesta aclarar por qué los nazis no masacraron a tantos enemigos a su merced, atrapados entre el mar y los fusiles alemanes. En una operación de rescate masiva, más de 300 000 soldados británicos volvieron a casa salvados por una flota que incluyó hasta barcos pesqueros y de recreo. Muchos murieron y otros miles cayeron presos, pero Goslin y sus compañeros sobrevivieron para contarlo.

Harry GoslinEn el día de lucha final antes de la evacuación, el capitán del Bolton fue un héroe de la defensa del último reducto de los Aliados al norte de Francia: a su nombre se atribuye la destrucción de cuatro tanques enemigos que asediaban la zona. Se dice, además, que algunos Wartime Wanderers se vieron obligados a lanzarse al agua y nadar hasta la extenuación para alcanzar una embarcación que les sacara de aquel infierno. Ya devueltos a costas británicas, Goslin fue ascendido a teniente como reconocimiento de su valentía.

Tras haber tenido la muerte en los talones, pasaron el resto de 1940 y todo 1941 en campamentos militares por el Reino Unido. Su estancia les permitió volver a formar parte de la alineación del Bolton en algunos partidos, y Goslin fue de nuevo convocado por Inglaterra para enfrentarse dos veces a Escocia y una a Gales. Lo hizo al lado de una leyenda como Stanley Matthews.

Ya en 1942, Goslin y compañía marcharon a Oriente Medio y pasaron unos meses en Egipto e Irak. Entre trincheras, salían de la rutina bélica rescatando el talento para el fútbol que aún quedaba intacto en aquellos soldados: las memorias de los Wanderers recogen un amistoso que disputaron algunos de ellos contra soldados del ejército polaco, con victoria británica por 4-2.

La conquista de Italia por parte de los Aliados comenzó en 1943 y se alargó hasta el final del conflicto. Allí fueron destinados y se toparon con algunas de las batallas más duras de la II Guerra Mundial, como la que tuvo lugar en el río Sangro: un lugar de difícil acceso que les torturó con lluvias torrenciales y barro hasta las rodillas. Don Howe fue evacuado por graves heridas, y un ataque aéreo casi acaba con Ray Westwood y Stan Hanson. Fueron los Wartime Wanderers que más cerca estuvieron de la tragedia, pero todo el batallón de Bolton superó la guerra. Todos, menos uno.

Harry Goslin fue herido de gravedad en territorio italiano en diciembre de 1943. Su cuerpo había aguantado dolor, cansancio y miedo entre balas y bombas, pero aquello le sobrepasó. Pocos días después, el irreparable daño que recibió acabó con su vida. Tenía 34 años. Recibió el galardón póstumo de la Cruz Militar británica y el equipo de su vida, el Bolton, homenajeó a su capitán con un minuto de silencio en Burnden Park y brazaletes negros. En Italia, en el cementerio de guerra de Río Sangro en la provincia de Chieti, descansan sus restos: los de un futbolista y soldado al que la guerra no le dio otra opción que ser un héroe.


 

Artículo publicado originalmente en La media inglesa.